07 febrero 2013 ~ Ningún comentario

EL FUTURO DE LOS FONDOS EUROPEOS PARA ESPAÑA 2014-2020

Los días 7 y 8  de febrero los Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea se reunirán en Bruselas por segunda vez para tratar de llegar a los compromisos necesarios que permitan la aprobación de las perspectivas financieras plurianuales 2014-2020. Dentro de estas perspectivas financieras se encuentra, como es obvio,  los montantes económicos que España pretende recibir de forma directa y aquellos otros que podrá recibir de forma indirecta en función de las entidades españolas que presentan proyectos europeos.

La primera cumbre europea se saldó en noviembre del año pasado en un fracaso. Y se saldó con un fracaso, fundamentalmente, por el parón y falta de interés que el proyecto europeo suscita entre la opinión pública de los diferentes países que conforman la U.E. Esta falta de interés se traduce en una falta de valentía política a la hora de encarar las reformas que verdaderamente Europa necesita. Como consecuencia de esta actitud Europa está, ahora más que nunca, en manos de los diferentes países de la U.E. representados por el Consejo.  Por ello, los intereses que se defiendan en esta cumbres no son los europeos, sino los nacionales de cada Estado.  La negociación del presupuesto europeo se ha convertido en un “¿qué hay de lo mio?. Qué lejos quedan los tiempos del añorado Jacques Delors.

Es muy sintomático de la situación de catarsis en la que se encuentra la construcción europea el hecho de que la Comisión haya desaparecido casi por completo de escena. Durao Barroso, uno de los peores presidentes en una época donde se necesitaba un presidente fuerte, está desaparecido. Su espacio ha sido absorbido en su totalidad por Herman Van Rompuy, Presidente del Consejo, que tiene como misión contentar a los Estados miembros en vez de defender los intereses europeos.

El presupuesto europeo que se somete a la consideración de los Jefes de Estado y de Gobierno es una reliquia del pasado,  ya que tiene una estructura de hace 20 años, cuando el capítulo agrícola y las ayudas regionales tenían todo el sentido del mundo. Actualmente, con la globalización y la crisis económica que azota Europa, eso no basta y hace falta proyectos de futuro que promuevan el crecimiento europeo. Sólo se dan pequeños ajustes. Además, de cara a los Estados miembros, el presupuesto de la U.E. representa menos del 1% de la riqueza de la Unión, veinte veces menos que el presupuesto estadounidense. Como ejemplo de la situación en la que se encuentra la U.E. los programas de infraestructuras previstos en los presupuestos son un refrito de  las grandes obras que propuso Delors en…1994. Increible.

Entre los Estados tampoco hay unanimidad a la hora de aprobar el presupuesto, porque todos quieren pagar menos y recibir más. Hay dos bandos: la llamada Europa rica, encabezada por el Reino Unido, que pretende reducir el presupuesto de la U.E.; y los llamados países amigos de la Cohesión que pretenden, por lo menos, mantener su participación actual del presupuesto de la UE. Esta situación es un reflejo de la estructura del presupuesto. Todos quieren pagar menos de un presupuesto que no aporta nada a Europa y por el que no tienen el más mínimo interés.

En la Cumbre fallida de otoño pasado el equipo del presidente Van Rompuy presentó un recorte de 80.000 millones de euros, que pareció poco a Alemania, Reino Unido, Holanda y Suecia y por eso no se cerró el acuerdo. En esta segunda ronda todos dan por supuesto que el presupuesto que se aprobará será, por primera vez en la historia de la Unión, inferior al anterior período 2007-2013.

Creo que los ciudadanos europeos, y los españoles creo que estamos entre ellos,  deberíamos esperar y exigir algo mejor. Nuestro país y Europa atraviesa la crisis económica y social más grave desde la guerra. Y, sin embargo, nos encontramos que, en vez de plantear políticas y actuaciones de futuro y que resuelvan los problemas que nos acucian, ponemos tiritas. Estos presupuesto no servirán de impulso para llegar a ninguna parte ni para preparar el futuro: no estimularán el crecimiento, no mejorará el posicionamiento europeo en el entorno internacional, no ayudarán a luchar contra el desempleo, no ayudará a crear más empresas ni a mejorar su internacionalización, no ayudará a reducir la brecha tecnológica con otras partes del mundo. Que pena y qué oportunidad perdida. Hacen falta reformas, y reformas profundas, y nadie las plantea debido a la mediocridad de la política de los europeos, tanto en el seno de la Unión, como en cada uno de los Estados.

La consigna de los Estados es reducir la contribución todo lo que se pueda.  David Cameron ya ha conseguido la rebaja británica, amén de mantener sin sonrojo el famoso cheque británico. Alemanes, suecos, holandeses y austríacos se esfuerzan por lograr lo mismo. Desde esta perspectiva Van Rompuy propone un tijeretazo adicional de unos 15.000 millones de euros basado en recortes en infraestructuras, en la acción exterior de la UE y en los gastos del personal comunitario. Se avecinan huelgas en Bruselas por parte de los eurofuncionarios. Para preparar a la opinión pública, desde Alemania se lanza la información de que 4.000 eurofuncionarios ganan más que la Presidenta Angela Merkel.

Y qué pasa con España

Pues dentro de este panorama general la posición española es tratar de perder lo menos posible. Como consecuencia de nuestro crecimiento de los últimos años, España pasaría a ser contribuyente neto en la U.E. a partir de este año 2.013. Por desgracia, y desde un punto de vista práctico, España es contribuyente neto desde el año 2.011, ya que no es capaz de gastar los fondos conseguidos en los períodos precedentes. Por ello, lanzaremos una batalla para conseguir recursos que no gastamos. El porcentaje real de ejecución del gasto de los fondos estructurales español se sitúa en torno al 58% aproximadamente a nivel nacional. Por consiguiente España dejó de ser receptora neta de fondos desde hace años. Veremos como nuestro Presidente del Gobierno aparecerá en los titulares de los diferentes periódicos nacionales como el gran perdedor de la cumbre, al hacer que España pierda fondos para nuestro país , por primera vez desde nuestra entrada en la U.E.

Y esta situación se produce en un momento en el que nuestro país se enfrenta a la peor crisis desde que se instauró la democracia. En las negociaciones actuales España se encuentra en una posición intermedia y tibia, que es la más difícil de mantener, ya que no estamos del lado de los países ricos, pero tampoco estamos en las mismas circunstancias de los países receptores de fondos de cohesión. En la negociación de otoño se consiguió salvar los muebles con lo que se denominó el “sobre español”: 2.800 millones de euros para proyectos de cohesión y 500 millones en agricultura. Tampoco tenemos grandes aliados. Nos conviene la presión francesa en agricultura y la alemana en políticas de cohesión, pero sólo para cuestiones puntuales. En el caso de las políticas de cohesión con las denominas Regiones en transición.

Sin embargo, esta segunda cumbre será perjudicial por un lado para España, porque recibirá menos fondos europeos, pero también será beneficiosa por otro, ya que aportará menos al presupuesto comunitario en un momento en el que las arcas públicas españolas están en dificultad.

Si no hay acuerdo en esta cumbre, por primera vez también, no se vería como una tragedia, ya que se elaborarían presupuestos anuales. Además, los eurodiputados han advertido de que, en su estado actual, rechazarían este presupuesto. Y llevan razón. No se privaría a Europa de sus recursos, porque el presupuesto se prorrogaría año a año.

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